Valdebótoa, salvaguarda castrense y peregrina.

Azadón, arado, sudor, trabajo y esperanza. Son los avíos con los que un grupo de la bohemia colonizadora de 1958, se asentó en esa tierra sedienta. Cada surco regado con el esfuerzo, fue convertido en cultivo con el favor de las aguas del río Guadiana.

Valdebótoa y trashumancia.

La Cañada Real de Sancha Brava encontró en este lugar un buen reducto de abrevadero y descanso para la trashumancia. Pastores, arrieros y colonos, hacían intercambio de legumbres, vinos, pellejos y crónicas rurales. Compartían rezos y plegarias en la ermita de la Virgen de Bótoa. Hoy en día es paso obligado de peregrinación romera para el pueblo pacense.

Valdebótoa, siglo XXI.

Hoy es un pueblo dinámico, pulcro, lleno de zonas verdes. Una sencilla iglesia desde donde el Inmaculado Corazón de María, parece querer ascender hasta los cielos. Un elegante campanario forman la obra diseñada por Herrero Urgel y Rosado Gonzalo. Formando parte del boceto de la esbelta torre, unas cigüeñas cimentan su nido, compartiendo albergue con adosados cubiles de barro a la espera que regresen las oscuras golondrinas de sus lares de invierno. Justo enfrente, lo cóncavo y convexo dulcifica la estructura del pequeño ayuntamiento abanderado. Densas galerías de chopos y fresnos, encinas centenarias, parcelas rasas, todo un hábitat ideal para sus paisanos. 

Cuartel de Bótoa

Una de las más importantes bases militares del país, el Cuartel de Bótoa, también se encuentra en este término.

La constante de un pueblo trabajador, que va escribiendo su historia en el progreso acelerado de un mundo moderno es Naturalmente Valdebótoa.

Guillermo Silveira García.

Cerca de Valdebotoa, abandonado a su suerte, brilla el resplandor de la estrella de oriente. Se trata de una construcción de techo derruido, maderos podridos y un portón bañado en herrumbre. En ella descubrimos un mosaico sobre el nacimiento de Dios, la adoración de colonos, los 12 apóstoles y el espíritu santo. Mosaico policromado que hoy luchan para que la dejadez y el abandono no los releguen a la decadencia más absoluta.

El autor de este conjunto de murales con fragmentos de mármol, arena, cemento y canto rodado, es Guillermo Silveira García. Pintor y escultor de reconocida trayectoria, renovador y moderno en su tiempo y única obra de su género que se “conserva” de él. Está en el pórtico de la capilla- escuela que el Instituto de Colonización construyó en las Casas Aisladas de Valdebótoa.