Moneda de cambio en la Guerra de las Naranjas

Entre dehesas casi homogéneas salvo los terrenos colindantes del valle del río Guadiana y de la Rivera de Olivenza se asienta uno de los tesoros más preciado por España y Portugal, Olivenza.

Villa al lado izquierdo del Río Guadiana

Nos perderemos en la historia de Olivenza, que fué un regalo del rey de León, Alfonso IX, a los templarios por su ayuda en la Reconquista de Badajoz, la “Encomienda de Oliventia” que abarcaba los enclaves de Burguillos del Cerro y Alconchel. Será inevitable ahondar en su historia para entender su riqueza cultural y sus raíces portuguesas que comienzan en el Tratado de Alcañices, 1297, donde la aldea existente se elevó a la categoría de villa. Aproximadamente en el año 1500 se inició la construcción de la Ermita Ntra. Sra. de Ajuda y un puente fortificado sobre el río Guadiana, destruido en la Guerra de Sucesión, 1801, concretamente en la llamada Guerra de las Naranjas. El 6 de junio de 1801, Tratado de Badajoz, pasa a incorporarse Olivenza a la soberanía española.

Villa Monumental

Comenzaremos nuestras visitas en la Ciudadela Medieval y el Alcázar, donde nos adentraremos en algunas dependencias de la cárcel, en el que hoy se expone el  Museo Etnográfico “González Santana” sin perder de vista la Torre del Homenaje o la Torre del Reloj del siglo XV. Continuaremos nuestra ruta en monumentos de inigualable belleza como son la Iglesia de Santa María Magdalena (S. XVI), Santa Casa de la Misericordia (S. XVI), el convento de Clarisas, Hospital Militar de San Juan de Dios y la iglesia de Santa María del Castillo (s. XVI y XVII).

Enclave privilegiado

Es indudable la riqueza arquitectónica e histórica de Olivenza, pero nosotros te queremos llevar al campo. Entre encinas, alcornoques y matorral de rivera, al final de la dehesa y bosquetes de sierra, confluyen ambos ecosistemas, con un paisaje variado y espectacular del Monte Mediterráneo, donde disfrutaremos de una gran y rica variedad de fauna con destacable presencia de aves, reptiles y anfibios… donde todo ello forman uno de los entornos más valiosos de la Península Ibérica. La variedad paisajística nos permitirá valorar y observar los aprovechamiento que el hombre hace de la dehesa, desde las podas para leña y picón hasta el más preciado manjar de nuestros cerdos ibéricos, pero para estos, la dehesa les aporta tubérculos, pastos, insectos… y un ejercicio físico clave para diferenciarlos del resto. Y porque no? visitaremos sus mataderos o secaderos de jamones y paletas ibéricas. No solo mostraremos este animal tan preciado, nuestra ambición turística natural es mostraros la belleza y majestuosidad del toro bravo que por estas tierras campan libres siendo testigos de esta belleza natural oliventina, la dehesa.

Olivenza, “pa comérsela”

Pero no pararemos aquí, nos iremos de recolecta de setas y otros productos silvestres, como espárragos, cardillos o tagarninas… pero no todo será “patear” campo, porque delito sería no hacer una parada y degustar la gastronomía oliventina con influencia de la cocina portuguesa basada en la sencillez y uso de los productos de la tierra, caza, pesca y manjares silvestres. Para el primer día se nos ocurre de primero un cocido extremeño acompañado de segundo una perdiz estofada para terminar de postre con una Técula Mécula de origen portugués (dulce elaborado de almendras, azúcar, yemas de huevo, clara, manteca de cerdo, harina y mantequilla).

Naturalmente Badajoz se tira al monte

Como el bandolero bondadoso Diego Corrientes Mateos, entre pequeñas sierras junto a pastizales, dehesas, olivares y cultivos que todo junto forman una belleza natural llamada La Sierra de Alor, donde además caminaremos hacia chozos de piedra, restos prehistóricos, refugios y más. Asistiremos a un auténtico espectáculo de la naturaleza como es la floración de la Rosa de Alejandría sin perder de vista lentiscos, cistus, acebuches…, sin perder de vista nuestro cielo.

Sobre todo te contaremos secretos que nadie te ha contado y te llevaremos a rincones insólitos, acamparemos en rincones solitarios como un molino de agua abandonado a su suerte o navegaremos mirando a Portugal. Ven y no se lo cuentes a nadie, será nuestro secreto.