La Roca de la Sierra, esculpida en granito y agua.

A la sombra de la Sierra de San Pedro y bañada por la Ribera de la Troya, entre las Cañadas del Charcón de las Pilas y de la Jarreta o las Reales del Chaparrón y El Chaparral, nos encontramos con un pueblo impregnado de naturaleza, entre Badajoz y Cáceres, población que marca su equidistancia y la necesidad de oxigenarnos en su pureza.

Pueblo con Historia

Podremos deparar en su Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Prado, su Puente Medieval de tres arcos y el antiguo Convento de los Franciscanos. Saliendo del pueblo por el Camino de la Muela, llegaremos a los Dólmenes de la Cueva del Monje y el de la Cueva del Moro. Siguiendo nuestros pasos hacia el naciente y continuando en el calcolítico, podemos disfrutar del Dolmen de Lácara, el más grande de la Península Ibérica, en un estado de conservación excelente y sin duda una de las joyas monumentales de Extremadura.

Un pueblo con sabor a cocido.

Después de saborear un plato típico como la sopa de poleo o buche, gazpacho, cocido extremeño, caldereta de cordero, migas o chanfaina; podemos introducirnos en las Sierras del Cancho y de la Luriana. Sorprendernos con algunos de nuestros grandes alados (Águila Imperial, Real o Perdicera, Buitres Negros o Leonados, Cigüeñas Negras o un Gran Duque “Búho Real”) y otros menos espectaculares en envergadura, como culebreras, calzadas, alimoches, cernícalos, rabilargos, lechuzas…, donde contemplar una extraordinaria riqueza de aves.

Deleitar nuestros oídos con la Berrea del Ciervo en el crepúsculo de una impresionante puesta de sol. Contemplar paredes de piedra, chozos artesanos, hornos de piedra y zahúrdas, o disfrutar con la recolecta de Níscalo, Boletus Aereus, Edulis, Macrolepiotas o Amanitas Cesáreas, adéntrate en la Roca de la Sierra y piérdete entre sus muchos embrujos.

Entre roca y sierra, Naturalmente Badajoz te mostrará rincones que, empapados de naturaleza, nunca olvidarás.