Hay un Gigante que se llama GEVORA

Gevora, es el hotel más alto del mundo y está en Dubái. Otro gigante que se llama Gévora, una pequeña pedanía blanca, llana, de calles amplias y trazado urbanístico del siglo XX.

Gévora alegre.

Nos adentramos hacia un octocampanario transgresor que musita la llamada de La Inmaculada al toque de cuatro campanas. Dejándonos llevar por sus paisanos vamos hacia sus alegres plazas. En consecuencia siempre festejan el sol y la fresca con el bullicio de veladores llenos de gente abierta.

 

Naturalmente Gévora

Pero Naturalmente Badajoz al final se deja llevar por el sonido del agua. Como si no quisiera dañar al maltrecho puente de Cantillana del siglo XVI, transcurre manso bajo sus ruinas, el río Gévora. Sobre el que también los hierros marchitos del puente metálico observan su discurrir de lo que fue acceso ferroviario hacia Portugal.

 

Gévora hoy.

Encontrarnos su nombre en un arco de triunfo de París nos hace pensar de la grandeza histórica del pueblo. Esto sucedió por la Batalla de Gévora de la Guerra de la Independencia, donde tropas francesas abrieron las puertas a sitiar Badajoz.

 

Un laco romano nos cuenta que su historia va más allá del siglo XX. Eso sí fue la constancia y entrega de sus colonos los que reconvirtieron unas tierras baldías en fértiles cultivos y reforzados lazos de unión vecinal.

 

Con este resumen ya sabemos que Gévora es GIGANTE. Así que está a la altura de ceder su nombre al hotel más elevado del mundo, aunque su leyenda histórica nos lleve a París en homenaje a los gabachos.