Adentrándonos en la dehesa extremeña sur, donde “limpios los recios nubarrones pardos, la luz del sol se agachó en un cerro, y las altas copas de los árboles, de un color naranja se tiñeron”, en la ruta sevillana nos encontramos con Barcarrota.Todo ello en los límites de la costa del jamón entre encinas, alcornoques, “jaras y brezos, rodando, rodando llega el tolondón de los cencerros” de sus piaras de cerdos y vacas.

Barcarrota, entre Castillos y conquistadores.

Arrebatada a los árabes por Alfonso XI, pasa al Reino de León, siendo Frontera con Portugal hasta el siglo XVII. Iniciaremos nuestra visita sus monumentos más significativos, destacando el Castillo de Barcarrota que se remonta al siglo XIV, con su Torre del Homenaje rectangular que vigila todo el pueblo. Nos sorprenderemos de su Plaza de Toros construida en el patio de armas del Castillo de las Siete Torres. Este conjunto taurino de especial belleza, presume además de ser la más antiguas de nuestra región. “Bajaremos” dirección a la La Iglesia del Soterraño, con la historia que da nombre al pueblo, cuando dicen que en una aparición Mariana, se mostró ante un pastor que zurcía sus albarcas. También la Plaza de Santiago, con sus dos arcos de acceso que dan lugar a su iglesia. Seguramente en nuestro trayecto hacia la iglesia dejamos de lado La Plaza de España. Dicha plaza dedicada a el primer monumento que se hizo en honor a la Conquista de Américas en nuestro país, cuyo monumento preside nuestro ilustre Hernando de Soto. ¿Porque la dejamos entonces de lado? No era porque no consideremos importante a nuestro fiel viajante y descubridor de las Américas, solo era por hacer una parada en el Casino de Barcarrota antes de mostraros sus calles principales.

Barcarrota y sus calles.

Visitaremos las Calles Jerez, Corredera, Hernando de Soto y Los Riscos y los dos callejones de la Jurumeña y el Llano del Pozo y por supuesto el Llano de la Cruz y el Altozano.

En tan glorioso pueblo apareció hace unos años, una edición perdida del Lazarillo de Tormes. Junto con otros libros de incalculable valor, se muestra con orgullo en la Biblioteca de Barcarrota.

 

El Muelle de Barcarrota.

Nuestro recorrido por el pueblo llega su fin, y que mejor que hacerlo en el único pueblo con muelle y sin mar, El Muelle de Barcarrota donde degustaremos unas tapas y vinos para reponer fuerzas, porque ir a Barcarrota significa impregnarte de los aromas gastronómicos más auténticos de nuestra región, que te introducen en un mundo de sabores de la dehesa y de la historia.

Naturalmente Barcarrota.

Pero Naturalmente Badajoz quiere enseñaros rincones únicos del campo, donde perdidos en la noche de los tiempos, regado por numerosos arroyos y fuentes, destacan la Rivera de Olivenza y El Alcarrache. Cerca queda constancia de presencia humana desde el megalítico con los Dólmenes de La Lapita, Dolmen San Blas, Dolmen El Milano y Dolmen La Rana, y el Menhir de la Pitera.

 

Barcarrota, mi pueblo.

Nuestro especial cariño al pueblo, nuestro pueblo, no podemos dejar de mencionar esta bienquista población, sin recordar a nuestros ancestros. Su presencia vaga en libertad por cada rincón de la comarca, percibiendo el olor al carbón recién hecho en Campo Gallego. La brisa del Alcarrache entra en la dehesa por las Capellanías o el rumor del Arroyo del Alamo. Sé que nuestro padre José, Sagasta, preside la comarca desde Las Mesas. Nuestro bisabuelo “Meterio” conduce sus cabras por la Cañada Real Mesteña. El abuelo Manolo “El Pregonero” y la abuela Santa, vigilan mis pasos en la naturaleza mientras rememoro las historias de nuestro pueblo contadas por mis abuelos Elías y Encarnación que escenificaba en compañía de mis hermanos, entre los muros de Rocamador.

Si quieres sentir un pueblo con solera, con Naturalmente Badajoz, descubrirás esos rincones, que nunca olvidarás, viendo puestas de sol de ensueño, y al entrar en su naturaleza “bocanadas de aire nos traía, los ruidos de allá lejos”.